Está radicado en Ciudad de México y desde ahí lideró la negociación, junto a sus socios Juan Pablo Cuevas y Oscar Hjertonsson, que terminó con la venta de Cornershop a Walmart, en septiembre pasado. Daniel Undurraga (37) -ingeniero civil de formación-, cuenta los hitos de su carrera que le permitieron crear, y luego vender, la empresa donde hoy trabajan casi 100 personas en Chile, y otras 40 personas en México. “En primer lugar, haber estudiado software, tecnología de internet y dedicarme a este sector. Además, estudiando ingeniería en computación conocí a Juan Pablo (Cuevas), mi primer socio y la persona con la que sigo trabajando después de 18 años. Y también haber emprendido con Oscar (Hjertonsson), mi socio sueco. El hecho de tener un socio extranjero te da otra perspectiva para hacer cosas internacionales”.

Otro hito importante fue Needish -un emprendimiento que creó con Hjertonsson y  Cuevas-, la primera empresa para la cual levantaron capital y trataron de internacionalizar. Para ello, pasaron bastante tiempo en Silicon Valley. Después vino Clan Descuento, que terminaron vendiendo en Estados Unidos, a Groupon, y aterrizó en ocho países de América Latina. “Ahí aprendimos mucho de e-commerce y de hacer negocios en otros países. Todo eso fue dejando algo en cada uno de nosotros e hizo que cuando lanzamos Cornershop, fuera una empresa que pudo crecer muy rápido, levantar capital en grandes cantidades y que partió siendo una empresa internacional desde el día cero”, cuenta Undurrada, desde Ciudad de México.

Históricamente, los socios han visto siempre a Cornershop como una empresa latinoamericana. “Eso va a cambiar, porque vamos a abrir Canadá. Aún no hay una fecha, pero estamos trabajando en eso”, adelanta Undurraga, actual gerente de tecnología.

-¿Cómo definirías tu ADN como emprendedor y cómo eso te ha diferenciado?

-Todos mis emprendimientos han tenido en común la tecnología, el software como hilo conductor, y además han sido plataformas para consumidores. Estar en lo que llaman ‘consumer internet’, que es como el internet para las grandes masas, para los consumidores.

Resolver necesidades reales

-Cornershop es un ejemplo de creatividad aplicada, que cumple una función y es económicamente atractiva. ¿Cómo se logra?

-Tiene que ver con que el servicio que ofrecemos soluciona problemas reales de la gente. A las empresas que les va bien, independiente de si son una App o no –y creo que Cornershop es mucho más que una aplicación-, son aquellas que están resolviendo un problema del cliente, por el que este está dispuesto a pagar. Nosotros le devolvemos al cliente tiempo libre, con un servicio de primera calidad y a un costo razonable (…). El problema del tiempo es muy grande, porque la gente gasta muchas horas a la semana en ir al supermercado.

-Con tu experiencia en Cornershop y las startup anteriores, ¿te consideras experto en algún ámbito?

-No, uno nunca deja de aprender y lo que funciona en una empresa a lo mejor no funciona en otra. Entonces es fácil sacar aprendizajes falsos. Hay que estar siempre cuestionando lo que uno aprende. Soy una persona bastante poco dogmática, trato de pensar críticamente siempre y de no quedarme con aprendizajes que a lo mejor son obsoletos, en el proyecto en el que uno está trabajando ahora (…). En tecnología, los paradigmas, tendencias, costumbres y productos que usa la gente cambian muy rápidamente, y hay que estar dispuesto a aprender nuevamente todo. 

-¿Cuál es la clave hoy para diferenciarse en el mercado de las aplicaciones?

-Uno se diferenciar de muchas maneras: por precio, calidad del servicio o rapidez. Hay infinitas maneras, según lo que se esté haciendo. Nosotros decidimos diferenciarnos por velocidad, respecto de lo que había, y por calidad del servicio. 

-En una entrevista publicada en octubre, el empresario Horst Paulmann dijo que no conocía Cornershop. ¿Qué visión tienes de ello?

-Me parece natural que alguien que tiene la edad de él, no sepa cuáles sean las Apps que las están llevando, porque normalmente la gente de 83 años no tiene ni celular. Me parece completamente normal, no me llama para nada la atención.


Juan Pablo Cuevas (38), co-fundador y gerente de operaciones:

“Las empresas de servicios con productos para consumidores finales, nunca deberían ser pensadas para venderlas”

-¿Cómo armaron equipo en la empresa?

-Los socios de Cornershop ya no somos tan jóvenes y a varias de las personas que trabajan en el equipo las conocemos de experiencias anteriores. Eso ayuda mucho a tener personas de confianza y que sabes qué esperar de ellos. Luego, junto a ellos, fuimos tratando siempre de contratar gente de primer nivel. Hemos sido muy cuidadosos en esto y, por lo mismo, a veces más lentos que lo que quisiéramos.

-¿Cómo trabajaron las confianzas con el entorno?

-En Chile en general la confianza existe como base, pero también es muy importante ganársela con hechos. El boca a boca siempre ha sido el principal aliado de nosotros (…). Nos preocupamos de que los clientes iniciales tengan una experiencia increíble y esta ha sido la base de las confianzas en el entorno.

-¿Chile está preparado para emprendimientos como Cornershop? ¿Qué fue lo más difícil?

-Sí, muy preparado y Cornershop es un ejemplo claro de eso. Obviamente hay cosas más difíciles: a veces en Chile, por su tamaño, el mercado no es tan competitivo. No hay mucho acceso a capital para este tipo de cosas y existen barreras tecnológicas, como los medios de pago on line de los clientes, que están muy poco desarrollados. Pero los consumidores no son tan distintos a los de otras partes y siempre van a ser lo más importante. Si tienes un producto o servicio que los consumidores valoran, el mercado donde estás u otras cosas no debieran ser algo que impida el éxito.

Crear sin pensar en vender

-En un contexto de constante innovación y avances tecnológicos, ¿cómo trabajan la adaptación a las nuevas demandas?

-Tenemos una cultura de adaptación de sacar cosas nuevas rápido, y si no funcionan, eliminarlas rápido también. Un ejemplo son las listas compartidas, donde dos o más personas pueden comprar juntos: arman un carro y cada uno desde su teléfono va agregando cosas a este, en las tiendas que quieran. La puede usar una pareja que quiere hacer las compras de la semana, una familia o un grupo de amigos para un asado, por ejemplo. Aprovechamos  que todos están conectados y que ahora las compras de una casa no las realiza una sola persona. Es como un grupo de WhatsApp, pero para compras. Funciona bien y a la gente le gusta.

-¿Cuándo creaste Cornershop pensaste en algún momento venderla?

-No, hicimos la empresa para crear algo juntos, pensando en que fuera independiente, que funcionara y tuviera alto impacto. La idea era seguir y, de hecho, no estábamos buscando vender. Pero al final hay cosas que uno nunca puede manejar.

-En el ecosistema hay varias startups que nacen pensando su comercialización, hacer una idea escalable rápidamente y ojalá venderla. ¿Compartes esa visión?

-Crear una empresa que ande rápido y estable, sí. Pero no pensar en vender; cuando piensas en eso, comienzas a pensar mal, porque estás más enfocado en optimizar el valor para ti, que para tus usuarios. Sobre todo en el caso de empresas de servicios con productos para consumidores finales, nunca deberían ser pensadas para venderlas. Sí puedes tener en tu mente que hay ciertas potenciales personas a las que les va a interesar, en el futuro, comprarlas. Eso es válido.

-¿Cree que existe un perfil de emprendedor chileno?

-No, el emprendedor chileno no creo que sea muy distinto al de otras partes del mundo (…). Los emprendedores, en general, son personas a las que les gusta estar creando algo, ser independientes y autónomos. Es difícil emprender sin ser medio idealista, porque uno está renunciando a la estabilidad y seguridad. Tienes que tener ese tipo de sueño que te guía, ese norte, porque si no, te vas a deprimir.

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