Soy mujer. Siempre tengo entre 25 y 45 años, pero aún mantengo mi peso de cuando tenía 18. Aunque a veces soy rubia, castaña o pelo negro, siempre soy bonita. Soy casada, católica y no tengo amantes. Mi casa siempre está limpia, ordenada y desinfectada del 99,9% de las bacterias. La última tendencia en muebles y lo más moderno para el equipamiento del hogar se suman a mi buen gusto para decorar. Me visto siempre a la moda por solo $5.990, aunque nada muy extravagante… eso es para las modelos y actrices, no para mí, una mujer normal.
No hablo de política ni de religión.
Trato a mis dos hijos con amor. Siempre sé qué nutrición darles para cada etapa de su desarrollo y sí, a veces hacen travesuras pero me sonrío, yo nunca los reto.

Yo soy la mujer de la publicidad.
He sido creada por los hombres que durante siglos han estado en las cúpulas de las empresas, de la política y de las iglesias (y después soy yo la cartucha).
Por suerte hoy que estamos en 2018, soy un poco más libre. Me han dado un espacio, ¡imagínense!, toda una columna para que no hablen otros por mi, si no que sea yo, la mujer de la publicidad, la que por fin hable sin un guión por los que saben cómo debo ser. Y tengo que confesarte algo: soy yo, la mujer que repleta los espacios de comunicación con logo, la que te tiene a ti mujer de 25 a 45 años, que no pesas lo que pesabas a los 18, que no eres casada, pero vives con tu pareja, y que sí has tenido un par de amantes porque aunque seas rubia, castaña o de pelo negro, nunca te sientes bonita y con ellos sí. La que no logra tener la casa limpia, ordenada y desinfectada, y lo que tiene es a sus hijos resfriados. La que, aunque aproveche las ofertas, siempre anda a la moda a costa de una deuda constante que mantiene en su tarjeta de crédito. La que sí habla de política, pero de lo frustrada que se siente al ver que son las personas por las que votó las que tienen lo que a ella le prometieron y no al revés. También habla de religión, que es una mezcla de cristianismo, budismo, chamanismo, horóscopo chino y cualquier otra vertiente semiespiritual que la pueda ayudar a sobrellevar la enorme culpa que siente al ver que no es el modelo de la iglesia católica. La que se enoja con sus hijos y que por más que trate de darle la alimentación más sana y balanceada, apenas controla el sobrepeso de su hija y la hiperactividad del más grande.
Soy yo, la mujer de la publicidad, la que ha creado una distancia física, mental, cultural, intelectual y emocional contigo mujer real, sin tener conciencia de la ansiedad que eso te ha generado cuando tratas de querer ser yo, una mujer que como toda la publicidad, es solo una idea.

Por Ingrid Lira
Directora General Creativa de Global Interactive.


 

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